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Para mí, Basilea significa calidad de vida

Ary Vaistij está al frente del restaurante «Zum Onkel», en Kleinbasel, que dirige con entusiasmo y pasión. Con sus creaciones a partir de productos frescos y regionales logra sorprender una y otra vez a sus comensales. Este basiliense de raíces argentinas se siente fascinado por la variedad de culturas que, en su opinión, se refleja sobre todo en la cocina. Para Vaistij, cocinar es experimentar y es en la cocina donde da rienda suelta a su creatividad. 

Para mí, Basilea significa calidad de vida

Ary Vaistij dirige el restaurante Kleinbasel "Zum Onkel" con pasión y pasión. Con sus creaciones hechas de productos frescos y regionales, inspira a sus invitados una y otra vez. El nativo de Basilea con raíces argentinas está fascinado por la diversidad de culturas locales, que para él se refleja sobre todo en las artes culinarias. Para Vaistij, cocinar significa experimentar, y vive su creatividad en la cocina.

«Yo no empiezo a cocinar en la cocina sino en mi cabeza. Encuentro motivos de inspiración en toda Basilea, pero sobre todo en el entorno del río. En verano, el Rin atrae a un gran número de personas, y yo soy una de ellas. En las aguas del Rin o en sus orillas, en los quioscos o las playas de piedras, los habitantes de la ciudad disfrutan de la vida paseando, nadando o tomando una cerveza. Esa sensación vital es la que quiero servir en mis platos.  

De hecho me formé como cocinero justo al lado del río, en el restaurante Krafft. Cuando en verano paso nadando por delante me vienen muchos recuerdos. Es tanto lo que viví, aprendí y averigüé aquí... pero como cocinero nunca termina uno de aprender.

Hoy dirijo mi propio restaurante, “Zum Onkel”, en el barrio de Matthäus, en Kleinbasel. Vivo con mi familia unos pisos más arriba. Me gusta el ambiente de pueblo que se vive. La gente se saluda por la calle, se da los buenos días, pregunta por los hijos, y a menudo veo rostros conocidos en mi restaurante. Siempre tengo tiempo para charlar un rato. Quiero que mis clientes se sientan bien en mi establecimiento. Y es que para mí comer es un acto social, estrechamente relacionado con el disfrute y la calidad de vida.

Lo mismo pienso de la natación en el Rin. Como la mayoría de los habitantes de Basilea, en verano (si no estoy en el restaurante) meto mi ropa en la bolsa estanca Wickelfisch y me zambullo en el Rin junto al Museo Tinguely. Después salgo del agua junto a alguno de los quioscos y disfruto de una cerveza.

Basilea reúne muchas culturas, algo que se refleja en la gastronomía. Pero para mí lo más importante es que los ingredientes sean frescos. En el mercado Matthäusmarkt, a la vuelta de la esquina, encuentro frutas y verduras de la región recién recogidas. Todos los sábados meto a mi hijo pequeño en el remolque de la bicicleta y vamos juntos al mercado semanal. Mientras él mordisquea unas fresas o unos rábanos, yo busco los mejores productos de temporada a la vez que imagino nuevas creaciones para mis clientes. Porque, para mí, cocinar es experimentar, buscar, encontrar y apasionar».