Las 10 obras de arte más espectaculares en Basilea 

Si te interesa el arte, Basilea te entusiasmará. Las pinturas, esculturas e instalaciones cuyas historias conocerás aquí son solo una muestra de las obras maestras que te esperan en los museos de Basilea. 

Le bassin aux nymphéas, Claude Monet, 1917–1920, Fondation Beyeler

«¡Solo esta obra ya merece un museo!», se dice que exclamó Ernst Beyeler, galerista y coleccionista de arte de Basilea. El gran tríptico de nenúfares de Claude Monet le gustaba tanto que Beyeler le dedicó un museo propio. Los cuadros de nenúfares figuran entre los más conocidos de la obra tardía del pintor y sirvieron de inspiración al arquitecto Renzo Piano para proyectar el que actualmente es el museo de arte más visitado de Suiza: la Fondation Beyeler.

Arlequín sentado, Pablo Picasso, 1923, Kunstmuseum Basel

1967 pasó a la historia de Basilea como el año de Picasso. Ante la posibilidad de adquirir las obras del artista Arlequín sentado y Los dos hermanos, los basilenses dieron una muestra de su pasión por el arte y la cultura e hicieron posible la adquisición de ambos cuadros a través de los esfuerzos privados y el apoyo público, que incluyó una decisión gubernamental y una consulta popular. La movilización ciudadana impresionó tanto a Pablo Picasso que regaló a Basilea otras cuatro obras.

Meta-Maxi-Maxi-Utopia, Jean Tinguely, 1987, Museum Tinguely

«Pretendo hacer algo divertido para que los niños trepen y salten. Quiero que sea algo bonito, llamativo, alegre, alocado, como de feria». Es lo que al parecer dijo el artista suizo Jean Tinguely antes de crear esta fascinante escultura. En la actualidad ya no es posible subirse a ella, pero sigue siendo un regalo para la vista. La obra de arte en el Museum Tinguely refleja perfectamente el obsesivo impulso creativo del artista que lo llevó a crear todo un mundo de máquinas.

Los burgueses de Calais, Auguste Rodin, 1884-1889, Kunstmuseum Basel

El 4 de agosto de 1347, dispuestos a sacrificar su vida para salvar a los demás habitantes de esta ciudad francesa sitiada, seis notables de Calais se presentaron ante el rey inglés Eduardo III ataviados solo con una camisa y llevando una soga al cuello. Según las crónicas, se libraron de la horca gracias a la generosidad de su gesto y a los encarecidos ruegos de la reina, Felipa de Henao. Con su obra, Auguste Rodin creó una nueva forma de monumento que renuncia al habitual basamento y, en lugar de mostrar heroísmo, refleja una capitulación y un sacrificio incondicionales.

La extraordinaria escultura de bronce puede admirarse en el patio del Kunstmuseum Basel.

La isla de los muertos, Arnold Böcklin, 1880, Kunstmuseum Basel

La isla de los muertos de Arnold Böcklin provoca un cierto escalofrío en el espectador y transmite melancolía. Esta primera versión (en todo el mundo existen cinco) genera una profunda sensación mística, intensificada por la oscuridad del cielo y los altos cipreses. Déjese invadir por las sensaciones de este cuadro sombrío y sumérjase en La isla de los muertos.

The Hearth (La lumbre), Joseph Beuys, 1968-1974, Kunstmuseum Basel | Gegenwart

La compra de esta instalación en 1978 supuso un escándalo tan grande que se convirtió en tema del Carnaval de Basilea. Un tema propuesto, por lo demás, por dos jóvenes arquitectos de la ciudad llamados Jacques Herzog y Pierre de Meuron, hoy mundialmente famosos, que en aquel entonces trabajaban con Beuys para incrementar su potencial creativo conjunto.

Joseph Beuys es uno de los artistas más importantes y a la vez más polémicos del siglo XX, cuya relevancia e influencia en el arte se mantienen hasta la actualidad. El núcleo de la obra The Hearth («La lumbre») en el Kunstmuseum Basel | Gegenwart lo forman seis grupos de varillas de cobre y hierro apoyadas en la pared. Cada uno de los objetos mantiene un diálogo con los demás. El título de la obra pretende transmitir la idea de una fuente de calor, energía y vida.

Cristo muerto en el sepulcro, Hans Holbein d. J., 1522, Kunstmuseum Basel

Se trata seguramente de una de las obras maestras más impresionantes del Kunstmuseum: el cuadro refleja las llagas, la rigidez y la boca desencajada del cadáver con un realismo sin concesiones que sigue siendo único en la historia del arte hasta hoy. Se trata de una confrontación tremenda como no se había dado nunca antes: no solo con la imagen de un cadáver en descomposición, sino también con la naturaleza humana del hijo de Dios. El formato de la obra también se sale de lo corriente: Cristo aparece representado a tamaño natural y en primerísimo plano sepultado en un nicho.

La obra fue encargada por Bonifacius Amerbach, de Basilea, cuya notable colección constituyó posteriormente el núcleo de la Colección Pública de Arte de Basilea.

Autorretrato con grabado japonés, Vincent van Gogh, 1887, Kunstmuseum Basel

Los autorretratos desempeñaron un importante papel en la creación de Van Gogh: recurrir a modelos resultaba difícil y caro, mientras que el propio rostro en el espejo siempre estaba disponible. A lo largo de su vida, Vincent van Gogh pintó más de 30 autorretratos que nos permiten observar los cambios experimentados por el artista a lo largo del tiempo, en particular en cuanto a su estado anímico.

En este autorretrato se aprecia especialmente bien el juego de Van Gogh con los contrastes: el luminoso color naranja de la barba se contrapone al azul del abrigo, y los tonos rojizos del rostro establecen un diálogo con los ojos verde esmeralda que atrapan al espectador.

Ta matete (El mercado), Paul Gauguin, 1892, Kunstmuseum Basel

En lugar del paraíso esperado, Paul Gauguin encontró en Tahití una tierra destrozada por las consecuencias del colonialismo donde el alcoholismo, la adicción al opio y la prostitución campaban a sus anchas. El cuadro Ta matete pintado en la isla es una de las obras más importantes de Gauguin: representa a cinco mujeres con «ropa de misioneros» sentadas en un banco. La escena tiene lugar en un mercado (de ahí el título) donde las mujeres se ofrecían a los clientes.

Paul Gauguin, que buscaba un mundo no corrompido por la civilización europea, sublima la escena por medio del arte. Así, se inspira en los frescos de una tumba egipcia al representar los torsos de las mujeres frontalmente mientras que sus cabezas y piernas aparecen de perfil.

Madame Cézanne en el sillón amarillo, Paul Cézanne, 1888-1890, Fondation Beyeler 

La mujer sentada en el sillón amarillo es Hortense Fiquet, pareja del pintor francés Paul Cézanne. Su mirada severa y actitud rígida reflejan que, si bien posó pacientemente para el artista innumerables veces, nunca compartió su pasión por la pintura.  El amor que sentía por Paul Cézanne debía ser grande, porque desde principios de la década de 1870 hasta los primeros años de la de 1890 posó para él en 26 retratos. Uno de ellos puede admirarse en Basilea, donde forma parte de la colección permanente de la Fondation Beyeler desde la inauguración del museo en 1997.

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